Entre los muchos enigmas que envuelven al hombre se encuentra, como figura principal, el misterio.
A través de las artes ha adoptado diversas formas para atrapar al lector por medio del color negro, o una nube, o un velo de ese color inserto en una historia llena de intrigas, robos o asesinatos. También el misterio está incorporado en las distintas religiones y en todo aquello que nos rodea y, cuando no podemos descifrarlo, nos maravillamos tratando de rasgar el velo de superstición, con la vana intención de que el mismo salga a flote. Porque lo verdaderamente importante no es encontrarse con el misterio, sino hallar la puerta que nos enfrente a él y descubrir su finalidad y significado, destruyendo ilusiones y supersticiones que lo han rodeado, quizá, durante siglos. En definitiva, nuestra trabajosa pero humilde tarea no será la de contar cuentos y leyendas para que tú, querido lector desconocido, le busques la solución, sino que mi finalidad es la de que juntos tratemos de echar luz en todos los rincones de los misterios de nuestro mundo.
Démonos fuerte la mano y que tengamos buena suerte.

Jorge Monsalve


Luego de leer esta crónica, seguramente el lector no saldrá de su asombro de cómo el creador de las aventuras de Sherlock Holmes, un prestigioso médico fuera víctima de uno de los ardides más duraderos del siglo pasado.holmes.jpg
Al finalizar 1920, (concretamente en el mes de diciembre) la revista londinense Strand Magazine, publicó unas curiosas fotografías donde podían observarse con cierta claridad un grupo de hadas y gnomos, fotografías obtenidas por dos jóvenes en un jardín del pueblo de Cottingley, próximo a Bradford (Yorkshire ). Conan Doyle eplicó que solicitó ayuda a los mejores fotógrafos de Inglaterra y luego de analizar las fotografías y expertizar los negativos, se animó a asegurar que las fotos eran auténticas y que estaba totalmente dispuesto a arriesgar su reputación profesional en defensa de las fotos. (¡ el minuto fatal !)
Según Conan Doyle las fotografías se habían obtenido sin trucaje y las pequeñas figuras que allí aparecían se habían movido durante la exposición que fue instantánea.
Conan Doyle persistiendo tercamente en estas ingenuas apreciaciones llevó los negativos a las oficinas de la compañía Kodak, cuyos técnicos afirmaron que los negativos parecían haber sido retocados por un fotógrafo muy hábil, pero no se animaron a decir que todo esto fuera producto de un trucaje.
Conan Doyle, gran partidario del espiritismo, para enterrarse aún más, explicó que le había escrito al mago Harry Houdini (que como es sabido desprestigiaba a los mediums espiritistas en cualquier oportunidad que se le presentara. Doyle aseguró que Houdini había calificado las fotos de “revelación “.

¿Fotos trucadas?

Las fotos que causaron tanta controversia fueron cinco, obtenidas en dos oportunidades. Las dos primeras las tomó Elsie Wright de 16 años de edad, con una cámara Midg de placas de cristal Imperial Rapid, en lugar de negativos flexibles. En la foto número uno se ve a su prima Frances Griffiths, de 10 años de edad sentada sobre la hierba y rodeada por un grupo de cuatro hadas danzarinas, tres aladas y otra tocando una flauta. En la foto dos puede verse a Elsie con un gnomo a su lado.
Rápidamente el asunto comenzó a tener gran difusión pues la población tomaba partido en uno u otro sentido. Pero sólo ellos veían a las hadas y a los gnomos. Además decían que esto les ocurría desde que eran muy pequeñas.

Como se conocieron los hechos

El asunto tomó estado público, cuando la mamá de Elsie le mostró las fotos a Edward L.Gardner, a uno de los líderes de la Sociedad Teosófica de Bradford después de concurrir a una de sus conferencias.
Al difundirse la historia a través de la prensa hubo un efecto “bola de nieve” (actualmente mencionamos este fenómeno como “efecto dominó “), y para ser más confuso aún el paisaje varios niños se atrevieron a declarar públicamente que ellos también, en alguna ocasión, habían jugado con hadas y gnomos, aunque ninguno comentó que las hubiese fotografiado.
Como se imaginará el atento lector surgieron detractores, pero también quienes defendían apasionadamente tal posibilidad.
Conan Doyle, ya sumergido en la escandalosa situación sugirió la posibilidad de tomar él mismo nuevas fotografías.doyle.jpg

Le aceptan el reto

Frente a esta “caza de hadas “resultaba imperioso demostrar irrefutablemente su existencia.
La propia madre de Elsie, Polli Wright escribió una carta a Edward Gardner que aguardaba ansioso en la capital británica noticias frescas y las nuevas placas con las hadas y los gnomos.
De esa carta podemos extraer para los interesados lectores lo que sigue: -“El tiempo estuvo nublado y brumoso toda la mañana y no pudieron tomar fotos hasta la tarde cuando se disipó la niebla y salió el sol. Así que las dejé y fui a tomar el té con mi hermana. Cuando volví quedé bastante desilusionada: sólo habían podido fotografiar a dos hadas.
Sintetizando, solo se pudieron obtener tres nuevas fotografías con una cámara Cameo, donde se veía borrosamente otros presuntos espíritus de la naturaleza, muy difíciles de identificar. Estas fotografías también fueron publicadas en la Strand Magazine.

El ingenuo Conan Doyle

En 1922, publicó un libro titulado La llegada de las hadas, donde se narra la pesquisa de estos fenómenos y la aparición de otros seres sobrenaturales.
Se percibe lo enormemente cautivo de la situación cuando Conan Doyle dice con contundencia: “No intentaré afirmar que la prueba sea tan arrolladora como en el caso de los fenómenos espiritistas. Pero aunque tratemos de encontrar más pruebas las que ya existen bastan para demostrar esta verdad : la gente menuda existe “.
El propio Doyle, llegó a afirmar en sus círculos íntimos “que había una población que podía ser tan numerosa como la raza humana y que solo está separada de nosotros por cierta diferencia de vibraciones“.
El amigo Doyle llegó a afirmar que cierto brillo observable en una de las cinco fotos era un baño magnético o de sol creado por las hadas, entre cuyas propiedades se encontraba la de restablecer “la vitalidad y el vigor “.hadas071.jpg
Presintiendo el bochorno que auguraban estos juicios tan temerarios, los miembros de la Sociedad para la Investigación Psíquica (S P R), de la que Doyle era miembro activo desde 1891 opinaron que las fotos eran un fraude y solicitaron rápidamente que no se identificara a los integrantes de la sociedad con el ingenuo Conan Doyle. Por su parte el amigo Gardner, afirmó que estos seres cualquiera fuera su especie, no tenían cuerpos humanos, sino que podían adquirir formas diversas.

Detalles significativos

Con el correr de los años se pudo establecer que Elsie en la época de las fotos de hadas, trabajaba en un laboratorio fotográfico .En 1971 Elsie, ya anciana, en una entrevista concedida a la BBC-TV declaró que “no juraría sobre la Biblia que las hadas estaban realmente allí “. Unos meses más tarde en una carta que le envió al periodista Brian Coe, afirmó que “en cuanto a las fotografías digamos que son fragmentos de nuestras imaginaciones, de la mía y de la de Frances .

La prueba concluyenterobert_sheaffer1.jpg

El fraude de las fotos lo estableció Robert Sheaffer, quien aplicó una tecnología de última generación por computadora (que examina las fotografías vía satélite), llegándose a la conclusión que ninguna de las figuras de las hadas era tridimensional (eran recortes de papel o de cartón, es decir figuras planas, sin volumen, en la foto número dos se descubrió un hilo de donde pendía el recorte de papel. La quinta y última fotografía, fue donde se ve un gnomo tiene volumen por ser seguramente un juguetito.
Es importante no perder de vista en esta crónica que las niñas eran objeto de burla por familiares y amigos; es decir, no les creían. Eso pudo haber creado una “simulación del inconsciente “, que las llevó a poner en práctica todo este plan.
Todo este asunto de las fotografías de las hadas me lleva a pensar en el dificultoso asunto que tenemos los ufólogos, cuando debemos determinar si una fotografía muestra o no a un ovni.
Y la respuesta es, toda foto será tan confiable, como la persona que la obtuvo.

Jorge Monsalve

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