Para millones de personas en todo el mundo Bela Lugosi siempre sería relacionado con un solo personaje, el de aquel aristócrata de Transilvana sediento de sangre, e
l conde Drácula .
La ironía del destino quizo que un 20 de octubre de 1882, en el pueblo de Lugoj en Transilvania naciera Bela Ferenc Dezso Blasko. Por desavenencias con su padre, a la edad temprana de 12 años abandona su hogar y sus estudios escolares y ya se empezaba a despertar en él su deseo de ser actor, practica diferentes oficios, pero su ilusión lo hace frecuentar los distintos teatros de Hungría hasta que finalmente encuentra trabajo debutando a los 20 años en compañías regionales, interpretando variedad de personajes entre ellos Hamlet, Machbet , lo cual nos lleva a pensar que se estaba transformando en un gran actor clásico, inmediatamente decide adoptar el nombre artístico Lugosi, debido a Lugoj el pueblo donde nació.
A los 28 años, en 1910 obtiene su papel más importante hasta el momento, es elegido para interpretar el personaje principal de Romeo y Julieta, su interpretación del amante de Verona fue magnifica.
En 1913 cumple el sueño de cualquier actor húngaro, pasa a integrar el Teatro Nacional de Budapest, sobreviene la primera guerra mundial y se une al ejército de su paìs. Al final del conflicto armado regresa al Teatro Nacional, contando ya con 35 años deslumbra al público con su interpretación de Jesús, su presencia mesiánica y el estilo tan particular que le impuso lo hace permanecer varias temporadas y lo coloca en el lugar nº.1 en Hungría .
Tiempo después sobreviene una fuerte conflictividad política, Lugosi es perseguido y huye a Viena y de ahí a Berlìn donde encuentra oportunidad en la por entonces próspera industria del cine alemán donde trabaja en una adaptación del “Dr.Jekyll y Mr. Hyde”.
No conforme en 1921 decide emprender viaje hacia Estados Unidos desembarcando en Nueva Orleáns donde pide asilo político. De ahí en más participa en varios films haciendo casi siempre papeles de extranjeros y villanos.
Cansado de hacer este tipo de papeles, en 1927, se le ofrece para interpretar en Broadway, en teatro, el papel que cambiaría su
vida para siempre, el del conde Drácula de Bram Stoker.
La sensualidad que le trasmitió al personaje, su aparente poder hipnótico y su fuerte acento húngaro le dió al mismo, un estilo romántico que no se había logrado hasta entonces. Acosado por el éxito enseguida se vió rodeado de mujeres ricas y hermosas, vive un intenso romance con una de las mujeres mas sensuales y enigmáticas de Norteamérica la estrella Clara Bow.
Mientras tanto la Universal pictures ya estaba pensando en llevar la novela de Stoker al incipiente cine parlante, pensó inmediatamente en Lon Chaney, el hombre de las mil caras, pero el actor muere de cáncer en 1930. A pesar de este hecho Bela no estaba entre los candidatos a interpretar el papel, lo cual lo lleva a dirigir numerosas cartas al presidente del estudio Carl Laemmle, obteniendo finalmente el papel.
Estrenada en 1931 el éxito de la película fue tal, que Lugosi fue considerado el nuevo Lon Chaney, la convicción y la credibilidad que le impregnó al personaje fue de una autenticidad nunca vista en la pantalla. Visto el éxito del film, la Universal decide llevar al cine la novela de Mary Shélley “Frankenstein”. Se llama a Bela para hacer el personaje del monstruo, el cual es rechazado por el mismo, gesto que luego consideró un error, ya que de haberlo interpretado hubiera demostrado una vez más la versatilidad actoral que poseía.
Luego visto el error aceptó todo tipo de papel que se le ofreció de los cuales se destacó su actuación en el que es considerado una de sus mejores interpretaciones, el maestro del vudú de “Zombie Blanco”. Diversas actuaciones que siguieron fueron cimentando su carrera, incluso junto a Boris Karloff, donde también lo acompaña en su última interpretación del monstruo de Frankenstein en el film “El Hijo de Frankenstein” donde Bela se destaca notablemente interpretando al demente y enfermo Igor.
La Universal obtiene otro gran éxito y Lugosi demuestra una vez más la infinidad de recursos que poseía. Durante la segunda guerra mundial colabora en la campaña contra el nazismo, y en las ruedas de prensa pide al pueblo que “done sangre” para las víctimas.
Pasada la guerra sigue filmando junto a Karloff, y empieza a sentir sus primeros problemas físicos. Es tratado con morfina, de la cual luego se hace adicto, y comienza su declive artístico, es abandonado por los estudios importantes y conoce a Edward Wood jr. quién lo convierte en su artista exclusivo, sueño que era muy querido por Wood ya que era su ídolo.
Pese a su notorio desmejoramiento, Bela vuelve a dar lo mejor de si. Pero su empeoramiento físico era tal, que la prensa amarilla no desaprovechó para divulgar su imagen deteriorada, humillándolo de varias formas y poniendo titulares como “Se descubre que Drácula era adicto”. Luego de una internación en un lugar especial logra una recuperación parcial, y nuevamente quien únicamente se interesa es Ed Wood, donde llega a filmar para él “La tumba del vampiro” y su última película “Plan 9 del espacio sideral” de 1956.
El 16 de agosto de 1956, lo sorprende la muerte con un libreto en la mano, y esperando una nueva gran oportunidad
. Su cuerpo fue envuelto en su famosa capa negra forrada de satín rojo, en la que encarnara tan elegantemente al famoso Conde- ya que ese había sido su deseo expreso- y se dice que al ya no tener recursos Frank Sinatra se hizo cargo de su funeral. Lo cierto es que hoy Bela Lugosi es una leyenda viviente, recordado por millones de admiradores, reconocido como ser humano y como buen amigo. En 1995 Martin Landau, revive su imagen encarnándolo en la pantalla en el film “Ed Wood”, de Tim Burton, el cuál también nos deja una profunda reflexión sobre el despiadado star system hollywoodense, el cual encarama a sus estrellas para luego sumirlas en el peor de los olvidos. Landau obtuvo el Oscar por su magistral interpretación y la figura de Bela Lugosi volvía a despertar un renovado interés por sus películas sorprendiendo a nuevas generaciones, hecho que ni el propio Bela hubiera imaginado jamás.
Julio César Esquivel


























de nobleza y un subyugante porte erótico que atraía a sus víctimas.




