(Tomado del libro de la Vida y el Corazón de Silvia Watteau)
“La despedida es siempre amarga, por más que “Adiós” quiere decir, en un antiguo modo de despedirse de la amada:”Que Dios esté contigo”, “Hasta que lo quiera Dios”, “Te confío a Dios”.Así partían los hombres para las cruzadas.
Nosotros hemos destrozado ese bello despedirse, y hemos dicho “Adiós” al partir; la ruptura amorosa va sellada con un “Adiós”, y “Adiós” va tornándose algo definitivo: corazones que se desvían, labios que ya no se juntarán más.
Un tren que parte, un barco que desamarra, es un doloroso instante.¡Es un “Adiós”!
Pero “a quien no le ocurrió lo mismo?…
¿Quién no fue beneficiado con la ausencia? Ella es la que calma enojos y quita asperezas; la que realza virtudes y borra defectos… Es el tónico que a veces precisa la familia. Ausencia de amantes, reaviva el amor.
Luego, ¡qué compensación inmensa; a la tristeza de marchar, la alegría de regresar! ¡Qué bueno y cálido es el hogar donde antes bostezábamos! ¡Qué arrulladores los brazos y los besos que nos reciben!
Una mano que se agita en el puerto o en el andén, para decirnos “Adiós”, nos parece un signo maligno y macabro; la misma mano que se agita cuando regresamos, nos parece un ángel que abre sus alas en el espacio.
El beso de la despedida es amargo: más ¡cuánto endulza nuestros labios aquel de bienvenida!
No hagamos nunca despedidas trágicas, adioses llorosos; mientras partamos en silencio, alegre y elegantemente también, que mientras amemos, siempre hemos de volver… Y en ninguna parte, ni en la eternidad siquiera, dejarán de encontrarse las almas que bien se amaron.”
Querido lector desconocido a este año que se aleja digámosle “Adiós” con Alegría y Paz en los corazones.
!!Sean felices!!

















