Entre los muchos enigmas que envuelven al hombre se encuentra, como figura principal, el misterio.
A través de las artes ha adoptado diversas formas para atrapar al lector por medio del color negro, o una nube, o un velo de ese color inserto en una historia llena de intrigas, robos o asesinatos. También el misterio está incorporado en las distintas religiones y en todo aquello que nos rodea y, cuando no podemos descifrarlo, nos maravillamos tratando de rasgar el velo de superstición, con la vana intención de que el mismo salga a flote. Porque lo verdaderamente importante no es encontrarse con el misterio, sino hallar la puerta que nos enfrente a él y descubrir su finalidad y significado, destruyendo ilusiones y supersticiones que lo han rodeado, quizá, durante siglos. En definitiva, nuestra trabajosa pero humilde tarea no será la de contar cuentos y leyendas para que tú, querido lector desconocido, le busques la solución, sino que mi finalidad es la de que juntos tratemos de echar luz en todos los rincones de los misterios de nuestro mundo.
Démonos fuerte la mano y que tengamos buena suerte.

Jorge Monsalve


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Aclaro al atento lector que los acontecimientos registrados el 17 de febrero de 1977 no deberían relacionarse con toda la zaga de historias que muchas veces se trata de encajar con otros acontecimientos importantes en La Aurora .

Los eventos registrados en la noche del 17 de febrero de 1977 poco se ajustan a las historias de sanaciones, apariciones de la Virgen y toda una serie de relacionamientos que pueden entorpecer la tarea investigativa sobre los ovnis .

Esa supuesta falta de cuidado, es lo que le ha permitido a algunas personas asegurar que La Aurora es una colcha de retazos.

Uno de esos aspectos es un cartelito clavado en la portera de La Aurora donde se señalaba que todo aquel interesado por el fenómeno ovni, debería dirigirse a la N.A.S.A . ( ¿? ) . Cartelito escrito sobre un cartón y en trazos muy rústicos.

Pero luego de trasponer la portera y comenzar a caminar por la zona, uno se da cuenta que allí algo pasa.

Enrique Almada y Jorge Monsalve

La ratificación de mi corazonada la tuve luego de escuchar varias veces el testimonio de un hombre bueno y sano, que es conocido en ambas márgenes del Plata como un estupendo cómico, buen músico; un hombre que emprendió con talento y éxito varios proyectos y un buen padre de familia: Enrique Almada.

El señor Almada era un buen aficionado a los ovnis, lector de cuanto material impreso pasara por sus manos sobre estos temas y trataba de ver con sus propios ojos cualquier evento relacionado con los mismos. Fue así que pudo vivir una experiencia excepcional con toda su familia en la estancia La Aurora adonde se trasladó con una camioneta Ford de su propiedad, diseñada como casa rodante para acampar durante nueve días a unos 400 metros del casco de la estancia y a unos 150 metros de uno de los cinco montes que se pueden ver en el lugar.( En aquella época los montes estaban).

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Sábado de Semana Santa

Son aproximadamente las 23.30 .

Enrique Almada había aproximado su trailer y la carpa a unos 8 metros del monte. Ahora prefiero dejarle la palabra al inolvidable Almada para compartir juntos su experiencia:

“Esta posición me permitió percibir plenamente una gran tormenta eléctrica, con fuertes vientos y lluvia abundante. La tormenta era realmente espectacular. Los abundantes rayos se dirigían en todas direcciones y un gran tronar invadía el lugar produciendo una cierta inquietud. Podría decir que se trató de un espectáculo aparte. Mis hijos observaban fascinados pues nunca habían visto centellas hasta ese momento. Rayos, si, pero centellas no. Habían oído hablar de ellas, pero nunca habían presenciado el espectáculo de las centellas.

El espectáculo eléctrico realmente intimidaba. Incluso mi señora me dijo porqué no nos íbamos a pasar la noche a un hotel de Salto. Y yo dije que no. Siendo mi penúltima noche en esa zona tenía la íntima impresión de que podía ver algo más de lo que había visto hasta ese momento. Yo ya estaba conforme con lo que había visto. Yo fui con una enorme humildad. Como te conté antes, Monsalve, yo ya con haber apoyado mi mano izquierda sobre una de las marcas de asentamiento y haber agradecido de haber podido tocar la marca de una nave de otra dimensión estaba satisfecho. Pero lo que pude ver esa noche ya superó todos los cálculos, las expectativas, las ganas y todo lo que le quieras poner. El hecho concreto es que yo empecé a ver, desde mi camioneta y a eso de la una de la mañana, desde el lado noroeste donde yo estaba y miraba hacia el sureste y por el otro lado del monte, opuesto y paralelo al mío, como una brasa de cigarrillo. Le empleo las palabras de acuerdo a mi primera impresión. Me pareció que venía alguien fumando, pues cuando uno en la noche ve una brasa de cigarrillo por lo general atrás viene un tipo. A mi me pareció que esa luz estaba a la altura de lo que podía ser la boca de un hombre que venía fumando a una distancia aproximadamente de 30 metros. Tal es así que llegué a pensar: pero que bobo el tipo éste, se le va a mojar el cigarrillo. El fumador sabe que ante la presencia de lluvia el cigarro se tapa con la mano para que no se moje. Todo esto, Jorge que te explico más ó menos en un minuto fue la impresión que tuve y lo que pensé en un segundo al ver esa supuesta ” brasa de cigarrillo “.

Allí interrumpo el relato de Almada y le pregunto si pudo determinar la supuesta brasa del cigarrillo y si algún otro miembro de la familia había sido partícipe de la visión. Inmediatamente, prosiguió: ” me doy cuenta que esa luz que avanzaba giró y enfiló directamente hacia mi. No podía darme cuenta si la luz estaba dentro del monte o estaba más lejos. Más lejos podía ser un kilómetro. También me di cuenta que no estaba en el monte y que no era una brasa de cigarrillo, que esa luz venía de una fuente que la generaba y que la fuente no era ni un camión ni un automóvil “.

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Se acaban las dudas

Llamé chasqueando los dedos a los míos que estaban dentro de la camioneta hablando de cosas el momento. Como hacía frío mi señora les decía a nuestros hijos que se pusieran un buzo y todo lo que encierra ese tipo de charla doméstica, casera y maternal.

Almada para no sugerir ideas le dice a su hijo Fernando “pon la pera en mi hombro derecho y sigue con la vista mi brazo derecho extendido hasta llegar al índice y dime que ves. Haz de cuenta que mi brazo es una escopeta”.

“Veo una luz roja “, me dijo Fernando.

Y me dijo rápidamente lo que yo había tardado 3 ó 4 segundos en darme cuenta. El no tuvo confusión de cigarrillo, él vio la luz roja”.

Desde el interior de la camioneta que se encontraba en un ángulo de 45º con relación al perímetro del monte, la Sra . de Almada, con un ángulo mayor de observación dijo: “pero hay más” y Almada humorísticamente, respondió: “Nos están rodeando”.

Hay muchos detalles interesantes y apasionantes de esta experiencia que por razones de espacio debo dejar fuera de esta crónica. Pero culmino contándoles que los Almada no eran los únicos que aquella noche acampaban en la zona. Entre ellos habían pactado que cualquier novedad ovni fuese la hora que fuese se comunicarían. Almada hace sonar el claxon de su camioneta un par de veces y le pide a su Sra. que vaya hacia dos vehículos de personas conocidas en la oportunidad para alertarles del hecho.

La Sra. Almada llega hasta uno de los vehículos con todos sus ocupantes en el interior y aunque les grita y forcejea la puerta no logra despertarlos. Al trasladarse al 2º vehículo -ya muy nerviosa- llega a golpear frenéticamente con la linterna que portaba el parabrisas del auto donde toda una familia dormía profundamente, sin lograr su propósito de despertarlos.

El espectáculo era solo para los Almada .

En determinado momento un gran relámpago hiere el cielo y permite percibir detrás del bosque lo que parecía ser una enorme nave con una extensión de 300 metros aproximadamente.

Felizmente algunos ufólogos tenemos informaciones de primera mano. Informaciones que no han tenido ningún tipo de ocultamiento y que frente a hechos como los narrados, algunos científicos y fuerzas oficiales se encuentran totalmente desamparados frente a esta tecnología que se les escapa.

Sin embargo, como dijo Arthur Clarke , ” Toda tecnología superior a la actual, se confundirá con la magia”.

Jorge Monsalve

En febrero de 1977, se produce un acontecimiento ovni ―el segundo en un predio rural uruguayo― que aún hoy sigue siendo visitado y donde se mezclan religión, fenómenos parapsicológicos y ovnis. Me refiero a la estancia La Aurora, en el departamento de Salto. En este caso, tuve la suerte de ser el primero en llegar y encontrarme con algo espectacular.

 

Todo lo que uno sabía referente a los ovnis y que había ocurrido con anterioridad en otras partes del mundo, estaba frente a mis ojos. Si bien he dedicado parte de mi vida a ser un investigador de campo y no un divulgador del fenómeno ovni, la acumulación de hechos insólitos resultaba abrumadora. La realidad nos obliga a ser específicos en la tarea que realizamos, pues con demasiada frecuencia me he encontrado con personas que, tras leer un par de revistas, pretenden marcar pautas en esto tan difícil y complicado como es la investigación del fenómeno ovni.

 

Portera de “La Aurora”Pues bien, allí estábamos frente a la portera de La Aurora dispuestos a ser recibidos por el amigo Ángel María Tonna (hoy lamentablemente fallecido) y su familia, merced a las gestiones de nuestro corresponsal en Salto, el querido amigo profesor Ferrari. Influyó mucho en que se nos permitiera el acceso la señora Nidia Arenas, que había sido profesora del señor Tonna en sus años mozos.

 

Es importante aclarar esta situación, pues cuando llegamos a Salto nos informaron que no seríamos recibidos en La Aurora. La familia Tonna estaba bastante molesta pues la gente ingresaba al campo, pisoteaba todo, se llevaban algún “recuerdo”. Y si pedían una tenaza para llevarse un pedacito de alambre de recuerdo, se llevaban el pedacito de alambre y la tenaza.

 

Pero nosotros teníamos dos buenas tarjetas de presentación y así entramos. El Sr. Tonna, en cuanto vio al fotógrafo que nos acompañaba, nos dijo: “Por favor, nada de fotos”.

 

Tras las presentaciones, juntos comenzamos a caminar hacia el lugar. De pronto se paró, reflexionó y me dijo: “Saque las fotografías que desee”.

Monsalve y Tonna

El Sr. Tonna era un hombre de estatura mediana y, por los comentarios de todos, esencialmente un hombre honesto y bueno. Fue un hombre apreciado y respetado. Sus compaisanos nos decían: “Es un hombre muy trabajador, de enormes cualidades

morales. Se le puede creer, pues no va a agregar nada”. En sus años jóvenes fue aviador y posee un establecimiento de unas dos mil hectáreas. Uno de sus hijos es veterinario y por aquellos años vivía en la estancia.

 

El caso más importante ocurrido en Uruguay aconteció entre las nueve y las diez del 27 de febrero de 1977. El Sr. Tonna y su señora terminaban de cenar. Hasta las diez de la noche, más o menos, el suministro eléctrico se realiza con baterías de doce voltios y por esa hora comenzaba a funcionar un grupo electrógeno diesel de doscientos veinte voltios que, asegura el dueño de casa, jamás le acarreó problemas.

 

De pronto, las luces comienzan a hacer guiñadas. La señora observa por la ventana de la cocina, en un potrero cercado pegado a la casa, unas luces extrañas, como tubos verticales que iluminan el paisaje.

 

“Voy a ver qué pasa” ―dice Tonna―, y sale rumbo al potrero (él también había observado las extrañas luces).

 

El amigo Tonna se dirige resueltamente por el pasaje hacia el potrero, sin perder de vista el galpón desde donde le pareció escuchar unos extraños ruidos.

 

Una luz, similar a las de vapor de mercurio, se mueve en dirección a ese galpón. Allí Tonna se asusta. Por un momento piensa que un cortocircuito le estaba incendiando parte del casco de la estancia. Apresura el paso. Divisa una luz intensa en el potrero que está a unos treinta metros de la casa. Comienza a correr hacia el mismo.

 

En ese potrero había un caballo reproductor y un toro campeón normando, traído de Francia, ya que en La Aurora se hace inseminación artificial. Ambos animales, espantados por la forma lenticular que emitía una poderosa luz, topaban contra los alambrados, tratando de escapar; el caballo casi se corta el cuello en el intento.

 

La Aurora

Tonna ya está frente al potrero. A dos metros de él, los alambrados. Un poco más atrás y arriba, esa forma lenticular que emitía un gran resplandor. Esa fortísima luz no le deja avanzar, pero paulatinamente desciende. Los animales siguen lastimándose contra los alambres en el intento de ponerse a salvo. Y aquí, para el atento lector, un detalle. Los animales no leen ciencia ficción. No son fantasiosos, lo que los asustó no provino de su mente, provino de fuera de ella. Y algo real y letal estaba por ocurrir, como ya veremos.

Nuestro amigo Tonna sigue parado frente a los alambrados, tratando de comprender lo que ocurría. Esa luz cegadora, pero no quemante (no irradiaba calor) le lastimaba la vista .

En un gesto instintivo, se cubre parte de la cara y los ojos con el brazo derecho, al tiempo que grita: “¡Miren si hay gente adentro!”.

 

Los animales del otro potrero arremeten y tiran abajo la alambrada. Se produce una estampida. Los animales atropellan y desparraman a parte de la peonada y, simultáneamente, se va la luz; el motor diesel que nunca trajo problemas, explota. Todo esto en el medio del campo, que es el fin del mundo.

 

 

 

Resultado: caos total.

Pero hay más. El objeto se vuelve a elevar, pasa sobre el alambrado y se ubica entre éste y un gran tanque utilizado para almacenar agua.

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Entra en escena el perro Togo

 

Togo era uno de los perros de Tonna. Una mezcla de bulldog y policía, feroz y agresivo con los extraños, al que dejaban suelto durante las noches.

 

Pues bien, Togo avanza decidido hacia el objeto, pega un salto y se escucha un fuerte aullido. Togo desaparece en la confusión.

 

El ovni comienza a desplazarse lentamente y queda a menor distancia de Tonna (exactamente nueve metros con sesenta centímetros).

 

La luz emitida por el ovni sigue siendo fortísima.

 

Tonna continúa protegiéndose la cara y los ojos con el brazo. Toda su piel queda expuesta y sufre quemaduras por radiación, quemaduras dolorosas (quien se haya dormido al mediodía en verano en la playa y sin ningún tipo de protección, lo sabe por experiencia propia).

 

Luego el ovni comienza a elevarse para alejarse.

 

Tonna compara la luz del ovni con la del sol (todos los que observaron la fuente de luz coinciden en señalar que, en realidad, eran tres luces que pulsaban una dentro de la otra, pero que latían a diferentes tiempos).

El ovni se aleja y se detiene a la distancia sobre una torre de alta tensión. La torre parece poners

 

e al rojo vivo. En realidad es la iluminación ventral del ovni sobre la estructura de acero, que a la distancia da la sensación de estar al rojo. El ovni se dirige hacia la represa de Salto Grande y… saltan todos los relés. (En el momento no hubo explicación técnica. Yo creo que fue un fortísimo E.M., es decir un fenómeno electromagnético).

 

El generador de Tonna vuelve a funcionar, seguramente por estar alejado de la fuente del poderoso campo magnético.

 

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Un día después

 

Todo el mundo salió a inspeccionar bien tempranito. En los bordes del potrero se encontraron gruesas ramas de árboles y próximo a la casa extrañas marcas tipo herradura (con anterioridad durante la noche, se había visto, desde la casa, extrañas luces que parecían detenidas en los campos).

 

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Aparece Togo

 

Fue el animal que estuvo más cerca del ovni, pero le costó la vida. Durante tres días intentaron hacerle comer, sin resultado. Le pasaban leche garganta abajo para evitar que se deshidratara, pero fue inútil. Tonna lo encontró muerto tres días después, donde pegó el salto, en un intento claro de defender a su dueño.

 

Los restantes animales, que estaban lejos del potrero, no sufrieron consecuencias fatales, excepto que las vacas por varios días no dieron leche, seguramente por el estrés. En cambio, el toro, el campeón normando, murió casi de los mismos síntomas que el perro. “¿Y el caballo?”, se preguntará el atento lector. No murió, pero quedó estéril.

 

Pero el segundo acto de esta historia, que no es menos estremecedor y fue vivido por un personaje muy aplaudido y respetado por los uruguayos, cuyo nombre era Enrique Almada, será contado la semana próxima, concluyendo este relato.

Jorge Monsalve