Aclaro al atento lector que los acontecimientos registrados el 17 de febrero de 1977 no deberían relacionarse con toda la zaga de historias que muchas veces se trata de encajar con otros acontecimientos importantes en La Aurora .
Los eventos registrados en la noche del 17 de febrero de 1977 poco se ajustan a las historias de sanaciones, apariciones de la Virgen y toda una serie de relacionamientos que pueden entorpecer la tarea investigativa sobre los ovnis .
Esa supuesta falta de cuidado, es lo que le ha permitido a algunas personas asegurar que La Aurora es una colcha de retazos.
Uno de esos aspectos es un cartelito clavado en la portera de La Aurora donde se señalaba que todo aquel interesado por el fenómeno ovni, debería dirigirse a la N.A.S.A . ( ¿? ) . Cartelito escrito sobre un cartón y en trazos muy rústicos.
Pero luego de trasponer la portera y comenzar a caminar por la zona, uno se da cuenta que allí algo pasa.
La ratificación de mi corazonada la tuve luego de escuchar varias veces el testimonio de un hombre bueno y sano, que es conocido en ambas márgenes del Plata como un estupendo cómico, buen músico; un hombre que emprendió con talento y éxito varios proyectos y un buen padre de familia: Enrique Almada.
El señor Almada era un buen aficionado a los ovnis, lector de cuanto material impreso pasara por sus manos sobre estos temas y trataba de ver con sus propios ojos cualquier evento relacionado con los mismos. Fue así que pudo vivir una experiencia excepcional con toda su familia en la estancia La Aurora adonde se trasladó con una camioneta Ford de su propiedad, diseñada como casa rodante para acampar durante nueve días a unos 400 metros del casco de la estancia y a unos 150 metros de uno de los cinco montes que se pueden ver en el lugar.( En aquella época los montes estaban).
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Sábado de Semana Santa
Son aproximadamente las 23.30 .
Enrique Almada había aproximado su trailer y la carpa a unos 8 metros del monte. Ahora prefiero dejarle la palabra al inolvidable Almada para compartir juntos su experiencia:
“Esta posición me permitió percibir plenamente una gran tormenta eléctrica, con fuertes vientos y lluvia abundante. La tormenta era realmente espectacular. Los abundantes rayos se dirigían en todas direcciones y un gran tronar invadía el lugar produciendo una cierta inquietud. Podría decir que se trató de un espectáculo aparte. Mis hijos observaban fascinados pues nunca habían visto centellas hasta ese momento. Rayos, si, pero centellas no. Habían oído hablar de ellas, pero nunca habían presenciado el espectáculo de las centellas.
El espectáculo eléctrico realmente intimidaba. Incluso mi señora me dijo porqué no nos íbamos a pasar la noche a un hotel de Salto. Y yo dije que no. Siendo mi penúltima noche en esa zona tenía la íntima impresión de que podía ver algo más de lo que había visto hasta ese momento. Yo ya estaba conforme con lo que había visto. Yo fui con una enorme humildad. Como te conté antes, Monsalve, yo ya con haber apoyado mi mano izquierda sobre una de las marcas de asentamiento y haber agradecido de haber podido tocar la marca de una nave de otra dimensión estaba satisfecho. Pero lo que pude ver esa noche ya superó todos los cálculos, las expectativas, las ganas y todo lo que le quieras poner. El hecho concreto es que yo empecé a ver, desde mi camioneta y a eso de la una de la mañana, desde el lado noroeste donde yo estaba y miraba hacia el sureste y por el otro lado del monte, opuesto y paralelo al mío, como una brasa de cigarrillo. Le empleo las palabras de acuerdo a mi primera impresión. Me pareció que venía alguien fumando, pues cuando uno en la noche ve una brasa de cigarrillo por lo general atrás viene un tipo. A mi me pareció que esa luz estaba a la altura de lo que podía ser la boca de un hombre que venía fumando a una distancia aproximadamente de 30 metros. Tal es así que llegué a pensar: pero que bobo el tipo éste, se le va a mojar el cigarrillo. El fumador sabe que ante la presencia de lluvia el cigarro se tapa con la mano para que no se moje. Todo esto, Jorge que te explico más ó menos en un minuto fue la impresión que tuve y lo que pensé en un segundo al ver esa supuesta ” brasa de cigarrillo “.
Allí interrumpo el relato de Almada y le pregunto si pudo determinar la supuesta brasa del cigarrillo y si algún otro miembro de la familia había sido partícipe de la visión. Inmediatamente, prosiguió: ” me doy cuenta que esa luz que avanzaba giró y enfiló directamente hacia mi. No podía darme cuenta si la luz estaba dentro del monte o estaba más lejos. Más lejos podía ser un kilómetro. También me di cuenta que no estaba en el monte y que no era una brasa de cigarrillo, que esa luz venía de una fuente que la generaba y que la fuente no era ni un camión ni un automóvil “.
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Se acaban las dudas
Llamé chasqueando los dedos a los míos que estaban dentro de la camioneta hablando de cosas el momento. Como hacía frío mi señora les decía a nuestros hijos que se pusieran un buzo y todo lo que encierra ese tipo de charla doméstica, casera y maternal.
Almada para no sugerir ideas le dice a su hijo Fernando “pon la pera en mi hombro derecho y sigue con la vista mi brazo derecho extendido hasta llegar al índice y dime que ves. Haz de cuenta que mi brazo es una escopeta”.
“Veo una luz roja “, me dijo Fernando.
Y me dijo rápidamente lo que yo había tardado 3 ó 4 segundos en darme cuenta. El no tuvo confusión de cigarrillo, él vio la luz roja”.
Desde el interior de la camioneta que se encontraba en un ángulo de 45º con relación al perímetro del monte, la Sra . de Almada, con un ángulo mayor de observación dijo: “pero hay más” y Almada humorísticamente, respondió: “Nos están rodeando”.
Hay muchos detalles interesantes y apasionantes de esta experiencia que por razones de espacio debo dejar fuera de esta crónica. Pero culmino contándoles que los Almada no eran los únicos que aquella noche acampaban en la zona. Entre ellos habían pactado que cualquier novedad ovni fuese la hora que fuese se comunicarían. Almada hace sonar el claxon de su camioneta un par de veces y le pide a su Sra. que vaya hacia dos vehículos de personas conocidas en la oportunidad para alertarles del hecho.
La Sra. Almada llega hasta uno de los vehículos con todos sus ocupantes en el interior y aunque les grita y forcejea la puerta no logra despertarlos. Al trasladarse al 2º vehículo -ya muy nerviosa- llega a golpear frenéticamente con la linterna que portaba el parabrisas del auto donde toda una familia dormía profundamente, sin lograr su propósito de despertarlos.
El espectáculo era solo para los Almada .
En determinado momento un gran relámpago hiere el cielo y permite percibir detrás del bosque lo que parecía ser una enorme nave con una extensión de 300 metros aproximadamente.
Felizmente algunos ufólogos tenemos informaciones de primera mano. Informaciones que no han tenido ningún tipo de ocultamiento y que frente a hechos como los narrados, algunos científicos y fuerzas oficiales se encuentran totalmente desamparados frente a esta tecnología que se les escapa.
Sin embargo, como dijo Arthur Clarke , ” Toda tecnología superior a la actual, se confundirá con la magia”.
Jorge Monsalve















