El propio Omar Vera consideró oportuno, pocos días después, efectuar el derecho a réplica (actitud que yo seguí un mes más tarde), ante las presunciones de un apresurado megalómano, que ni siquiera estaba en el país cuando ocurrieron estos hechos.
Esta personita, enferma de importancia, pretendió descalificar los acontecimientos mostrando un total desconocimiento de cómo funcionan en Uruguay los sistemas de control del aeropuerto y preguntándose: “Oh, que casualidad que justo tenía una cámara consigo!”
Precisamente el hecho de tener la cámara permitió que hoy tengamos además de dos valiosos testimonios de los ovnis esta fijación de Carrasco, que rubrica lo que allí aconteció. Con un infantilismo desmedido ignora la formación del personal capacitado en el AAC (Centro de control de Area), en el APP (Control de aproximación) y en el Aeródromo (Torre ce control y la habilitación, en este caso de Omar Vera, para trabajar en todas estas áreas incluyendo a Sala de Radar para lo cual se necesita asistir a institutos especializados en el exterior, más el trabajo de familiarización in situ.
Todo esto sin hablar de los miles y miles de turistas que llegan a nuestra principal estación aérea arriesgando sus vidas con controladores que ven “platos voladores”.
Pero Omar Vera no necesita defensores. Por eso creo oportuno para finalizar con esta desagradable intervención que sea el propio protagonista quien opine, de acuerdo a parte de su respuesta, publicada el lunes 11 de noviembre de 1991, en “La República”,
página 14:
“Cuando un hecho como el de la navidad pasada ocurre, hay toda una serie de procedimientos para tratar de averiguar que clase de situación se estaba dando. En principio por su baja velocidad (60 nudos), los integrantes del control pensamos que podía tratarse de 2 helicópteros.
Uno de tales procedimientos es lanzar un mensaje al aire cuando mediante vectores se fija la posición exacta de uno de los dos ecos. Y precisamente eso fue lo que ocurrió. Hice un llamado al aire referido a uno de los dos, para determinar si me estaba escuchando esa supuesta aeronave , en la frecuencia operativa de la torre y… los dos ecos desaparecieron simultáneamente, apareciendo pocos segundos después.
Cuando yo hablo de maniobra inteligente , yo hablo en estos términos inicialmente y no el Sr. Monsalve, es porque puedo pensar que la estación a la que estaba mandando el mensaje pudiera haberme escuchado; y ésta y la otra (por los ecos) al desaparecer, puede interpretarse como un “acuse de recibo”.
Tendría que explicar que es un ILS(Instrumental Landing Sistem, Sistema de Aterrizaje por Instrumentos) que es un sistema compuesto por tres partes a saber: 1) Localizador ( que da el eje de la pista); 2 )Glide Slope (da la senda de planeo) y 3) Marcadores en la trayectoria final de aproximación a la pista.
Con referencia al Localizador, que es la guía instrumental que tiene el piloto para aproximarse a la pista por su eje hacia la cabecera, diré que el Localizador puede ser interceptado hasta casi unas 150 millas del umbral de la misma. Es muy curioso que un eco que aparece del mar, al sureste (25 millas de Carrasco) con rumbo 330, es decir hacia el noreste de Carrasco, mantenga ese rumbo hasta cruzarse con la línea de eje de pistas a unas 20 millas al noroeste de Carrasco y del umbral de la pista 24, para luego efectuar un viraje a la izquierda rotando desde 300 grados a los 240 interceptando el eje del Localizador y desplazándose por este eje hasta media milla de toque. Yo dudo que ese eco pueda calificarse de falso, inversión térmica, aves en vuelo, enjambres de abejas, algún móvil terreno (recordar que procedía del mar y luego desapareció en él a unas 40 millas al sur del aeropuerto), sin desviarse para nada de su trayectoria perfecta hacia la pista. Tengo que pensar que estos elementos son muy aeronáuticos…”
- Luego Omar formula una pregunta que dejo a consideración de usted, amigo lector: “Qué era ´eso´ que apareció desde el mar, se introdujo en el área de pistas (sintetizado por el radar, un aspecto exclusivamente técnico) incrementando la velocidad enormemente, evita la pista desde la que despegaba el avión de PLUNA?
Es la respuesta: ¿ un objeto volador que por el momento ninguno de nosotros está apto para identificar?. Sin duda”.
Para una clarificación total de todo este asunto, ya en el diario Clarín de Buenos Aires en su edición del viernes 11 de octubre de 1991, publica que “un avión argentino había estado a punto de chocar con dos ovnis al dudar el Jefe del control de Tránsito Aéreo en permitir el despegue…”,
vuelvo a Omar Vera: “Yo como controlador y jefe del sector en ese momento, era la única apta para decidir si la operación sería arriesgada o no. Un simple análisis del video demuestra que la aeronave en carrera de despegue por un lado, y el eco aproximándose por detrás, tenían velocidades totalmente diferentes. El PLUNA para despegar necesita aproximadamente 135 nudos y lo que venía detrás (a pesar que no se veía) tenía una velocidad aproximada de 60 nudos, hasta que el PLUNA despega y el primer eco detrás inicia viraje hacia la derecha incrementando su velocidad en un tramo de cuatro kilómetros hasta detenerse. Hay que establecer que la antena de radar completa un giro en cuatro segundos, por lo que la respuesta en pantalla está algo retrasada. Por lo se aprecia en la grabación. Suponiendo: Variación Lineal de la Velocidad (aceleración y desaceleración) cuatro segundos (tomando en cuenta el desfasaje por el tiempo de barrido), se puede establecer que: que la Velocidad Media del primer eco en su escape era de 7.200 kilómetros por hora ó 2.890 nudos por lo que la Velocidad Máxima podría ser el doble o más. Si la Variación fuera lineal, la Aceleración sería mayor a 400G, un cuerpo de 75 kilogramos llegaría a pesar más de 30.000 kilogramos.Por lo expuesto informo que la operación fue totalmente segura. Si al avión PLUNA lo hubiese despegado desde la pista 06, es decir la opuesta a la 24, entonces sí hubiera sido una operación riesgosa, que de plano la hubiera evitado porque estaría enviando al avión de PLUNA en rumbo de colición.”
Este artículo aparece publicado en el libro de Jorge Monsalve, editorial YOEA
Jorge Monsalve


































